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Detalles



- ¿Qué es eso? – Pato se da vuelta aturdido y molesto, buceando el aire de la oficina con sus ojos negros. La cabeza va y viene por el ambiente sin hallar el origen del ruido.


- Es Walter – La respuesta de Clara denota malhumor con cierta dosis de rendición ante lo inevitable. – Ya está Walter, es un detalle.


El hombre intenta ignorarlos. Su rostro está cada vez más próximo a sus manos, que a su vez no se separan un instante de la mesa. Con un movimiento veloz e ininterrumpido, la mano derecha raspa la madera adelante y atrás sucesivamente con el trapo, mientras la izquierda se mantiene apoyada sosteniendo el resto del cuerpo. “Un detalle, ja”, se burla para sus adentros Walter mientras persiste en la labor.


Hace un rato que debería estar en la reunión de Marketing, pero a quién se le ocurriría abandonar ese salón con esa mancha ahí. A él no, por lo menos. En la otra oficina el encuentro avanza pese a la ausencia de un integrante. No obstante, en breve precisarán de su humanidad para que dé cuenta de los resultados de la última campaña publicitaria. Walter continúa refregando la mesa, para desgracia de sus compañeros de Marketing. También para los de Contabilidad, que en la sala contigua deben soportar el ruido que se cuela por la ventana.


- Hombre, venga ahora mismo que lo necesitamos. No vamos a tolerar lo de la última vez. Te esperamos cinco minutos y, si no aparecés, se acabó.


Walter sabe de quién proviene esa voz y desearía profundamente ignorarla, pero en este caso no tiene alternativa. Levanta la cabeza pesadamente y se queda como estaba, inclinado sobre la mesa, observando a Marcos, que lo mira desde la puerta. Walter sabe que con “la última vez” el gerente se refiere a la reunión del mes anterior, en la que tenía un papel relevante pero no se presentó. Aquella mañana un marcador que torpemente había soltado fue el responsable; esta vez es algo negro, que no reconoce.


Su principal hipótesis es que se trate de la tinta de una hoja impresa que alguno de sus colegas apoyó sobre su mesa antes de que el papel se enfriara y la tinta se integrara al mismo. Walter es consciente de que lo ocurrido en la ocasión anterior lo obliga a caminar sobre una cuerda floja. Pero las prioridades en este momento son otras.


- Estás avisado, tenés cinco minutos. Dejá de perder tiempo en detalles.


¡Otra vez! Detesta cuando le dicen eso: ¿detalle? ¿Es un detalle que una mesa reluciente, que muestra con orgullo su madera brillante y lisa, tenga una mancha que arruina su perfección? Aunque sea pequeña, una mancha en esa mesa es una aberración. Como en la ropa. O en la puerta. Una mancha, donde esté, es algo que cualquier persona debería combatir por instinto. Así lo entiende Walter, que no comprende que el estómago de sus colegas no les provoque las mismas arcadas.


Mira los puntos negros, que parecieran formar letras: cada vez confirma más su hipótesis de la hoja. Mientras hace equilibrar todas estas ideas en su cabeza, continúa recorriendo ese sector de la mesa con el trapo: combina las direcciones y aumenta progresivamente la presión. Ahora es su mano izquierda la que sostiene la tela, ya que la otra está roja del dolor. La mancha, imperturbable, sobrevive sin rasguños, como burlándose de él. “¡Así que esto les parece un detalle!”, piensa Walter mordiéndose la lengua para no gritar. Repentinamente da un potente golpe a la mesa y arroja con fuerzas el trapo al suelo.


- ¿Te podemos ayudar? Si querés nosotros seguimos, así vas a la reunión. – La cara de Clara se asoma por la ventana y, detrás de ella, Pato observa la escena.


- No, ya está. “Es un detalle”.


Walter utiliza un tono burlón al parafrasear a sus colegas y la mirada de Clara le manifiesta que no le agrada la imitación. El hombre sabe que cuando se vaya a la reunión ellos no seguirán su labor, que lo dicen para librarse de él. Sin embargo, también es consciente de que no puede poner en riesgo su puesto en la empresa.


Intenta concentrarse en los gráficos que preparó durante la semana. Le cuesta, pero progresivamente aquellas minúsculas letras de tinta que escaparon de la hoja y se adueñaron de su mesa van desapareciendo y dando lugar a los números de costos y beneficios de la última campaña publicitaria. “Puede ser” – empieza a convencerse mientras llega a la puerta de su oficina – “que realmente sea solo un detalle”. Camina lentamente hasta que se frena en seco.


- ¡No! – Tras un instante quieto decide pegar media vuelta y comienza a dar tumbos en dirección al escritorio. – Hoy es dejar una mancha, mañana otra y cuando me quiera dar cuenta apenas si me voy a ver a mí mismo.


Clara y Pato observan desconcertados cómo el hombre recorre el trayecto contrario al que seguía hace instantes mientras habla en voz alta sin interlocutor a la vista. Luego de seis pasos notoriamente ruidosos Walter llega hasta la mesa y se agacha a recoger el trapo. Se arremanga la camisa, inclina el cuerpo con la mano izquierda apoyada sobre el escritorio y comienza a desplazar la derecha a toda velocidad.


El trapo recorre la misma superficie que transitó toda la mañana y se torna cada vez más negro como consecuencia del polvo, sin que el origen del asunto, la mancha de tinta, se deshaga en lo más mínimo. El estado de Walter crece en efusividad mientras su cara toma un tono rojizo. Clara y Pato no pueden creer lo que observan y saltan de sus sillas al unísono cuando ven al hombre treparse a la mesa y quedar arrodillado, dejando todas sus fuerzas en el asunto.


Nunca lo han visto así; tal vez porque la mancha de la otra vez se rindió más rápido. Clara se pone en pie para avisar al gerente, decretando que esta escena no da para más. Camina despacio hacia la puerta para no incomodar a Walter y, cuando está poniendo un pie fuera de su sala, un grito la sobresalta:


- ¡Ahí tenés! ¡No me ibas a ganar! – Walter está parado encima de la mesa, haciendo un baile patético y revoleando el trapo como si estuviera en las gradas de un estadio. - ¡Ahora digan que es un detalle!


Mientras los testigos verifican que la euforia responde a la desaparición de la mancha, Laura ingresa a la oficina de Walter, que ya está con los pies en el suelo. Le advierte que en la reunión Marcos está desorbitado y que debe presentarse de inmediato o lo despedirá.


- Sí, claro, justo terminé acá. Vamos.


Walter respira aliviado por cumplir su objetivo y, principalmente, haber salvado su empleo. Antes de salir ve que Laura levanta algo de su mesa, algo que había apoyado sin que él lo notara.


- Estos capuchones son pésimos, se salen todo el tiempo. – dice la chica mientras vuelve a cerrar el marcador. – No importa, es un detalle.


“Un detalle”. Walter no comprende el comentario hasta que ve la mesa: una mancha roja, idéntica a la de la vez anterior, se posa orgullosa ante sus ojos.

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