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Un lugar al rojo vivo… o muerto

Actualizado: abr 11




Finalmente había llegado el día. El cabo suelto había sido eliminado, ya no quedaban testigos, el negocio había salido perfecto. Secuestros, asesinatos y mucho dinero. Era consciente de que no me había ganado el cielo, pero tenía la tranquilidad de haber conseguido lo que quería mientras estuve en la tierra.


Sin embargo todo eso ya no me pertenecía. Era hora de dejarlo en manos de alguien más, que lo aprovechara alguna otra persona. Tomé el arma, miré por última vez el mundo y apreté el gatillo. La bala entrando en mi cabeza fue lo último que sentí en ese mundo.


Cerré los ojos para caer en el sueño eterno, mientras imaginaba la sangre fluyendo desde la sien, bajando por la cara y formando un charco en el suelo. Un ruido repentino me sobresaltó. ¿Dónde estaba? No podía ser el cielo, no lo merecía. Abrí los ojos y vi que todo era de un mismo color. Hacía calor, mucho calor, y escuchaba algo que me recordaba a la chimenea de mi hogar. Distinguía sangre chorreando por todos lados, gritos desaforados, ruido de golpes.


“Bienvenido al infierno, ¡buen hombre!”, escuché fuerte mientras aparecía una figura roja frente a mí. La analicé detenidamente, mientras este personaje se corregía: “Ejem… en realidad, buen hombre no justamente. ¡Pero sí el tipo de persona que recibimos aquí con alegría!”. No alcancé a entender mucho lo que me quería decir el ente con cuernos, cola larga, desnudo, con una piel totalmente roja. Y en su mano, una herramienta. “Qué lindo tenedor”, atiné a decir, tratando de mostrarme simpático.


Mala jugada. Lo único que provoqué fue la risa descontrolada de hombres y mujeres que aparecían por detrás y el enojo de la figura que estaba frente a mí, que dio media vuelta y se marchó. Ya me explicarían que se trataba de un tridente, aunque no entendí su utilidad.


Me dispuse a recorrer el lugar, más impresionado y sorprendido que asustado. “Así que esto es el infierno”, pensaba mientras saludaba a dos chicos que jugaban a las pulseadas. Todo era alegre, todos eran amigos. El buen trato, las burlas amistosas, los halagos eran lo único que componía el ambiente. Me sentía feliz y rejuvenecido. Ése fue mi primer día allí.


Ahora que llevo un largo rato aquí tengo que confesarles algo: siempre me habían hablado mal del infierno, me habían contado que iban los hombres malos, que los hacían trabajar, o incluso que no existía. Me lo había imaginado como un sitio de maltrato, miedo, castigo. No les quepa duda: nada de eso es cierto. Es un lugar muy agradable, donde la risa y las bromas nunca faltan. Además, no hay que trabajar y podés hacer cualquier tipo de broma pesada a un compañero porque al fin y al cabo, no lo podés matar… ¡ya está muerto!


Ya tengo muchos amigos en este lugar. Conozco qué fue aquello tan malo que hicieron por lo que terminaron aquí: matar al jefe, o comerse el gato del vecino, o ser hinchas de Boca Juniors. Pero lo que no falta por estos pagos son políticos… ¡abundan aquí!


Incluso conseguí una novia, que no había hecho más que esperar a que se durmiera su amado, para cortarlo en pedazos y comerlo en un guiso con sus amigas: sangre y carne combinadas en una cena exquisita. Me confesó que él le había sido infiel… una reacción comprensible y lógica, digna de una mujer decidida. Y así fue que me enamoró.


Por otro lado, todas las tardes se organizan torneos de truco, pero no suelo jugar porque se miente mucho… ¿es que no tienen moral aquí? En lo que sí me anoto es en los partidos de fútbol, o incluso de hockey, cuando el señor colorado (nosotros le decimos diablo) saca tridentes del armario y reparte uno por persona. Pasamos horas corriendo, gritando, festejando.


A la noche, ya cansados, no hay mejor plato en el menú que una buena fogata y un abundante asado. Fuego no falta, eso seguro. Anoche cocinamos al jefe de un compañero que, parece, estaba despidiendo a muchos empleados, entre ellos a la hermana de este compañero. Su sangre fue la salsa ideal; ojos y dedos, los condimentos infaltables. Una delicia.


Es cierto que luego de un tiempo cansa un poco ver un solo color y que, por otro lado, es un ambiente muy caluroso. Pero a comparación de los privilegios que se disfrutan en este lugar, esos detalles son como pequeñas basuritas en el ojo, molestan pero no lastiman. Había logrado muchas cosas allá arriba, en la tierra de los vivos, pero por primera vez me siento totalmente feliz.


Para ir cerrando, creo que es hora de descansar, me agoté de escribir. Simplemente quería que conocieran un poco cómo es el infierno, para que no duden en venir. Así que ya saben, si tienen un conocido que los molesta, alguien que los pasa por arriba o un innombrable que les cuenta el final de una serie o película… sigan sus instintos que van a tener su recompensa. Y no les cuento más, porque se van a querer matar… con tal de venir aquí.

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